MARÍA DOLORES PRADERA
Basta imaginarla en escena. De negro, erguida, con Los Gemelos a un lado y una canción esperando su turno. No hacía falta más. Entraba la guitarra, ella dejaba pasar un segundo, miraba al frente y empezaba a cantar como quien abre una puerta antigua. En esa pausa estaba su misterio.Seguir leyendo


