Rick Astley hoy ocupa un lugar insólito y muy suyo en la historia del pop: el de un artista que fue fenómeno mundial, supo bajarse del foco a tiempo y regresó con una carrera propia, sin vivir de la nostalgia.
Demostró que una gran melodía y una voz con carácter pueden sobrevivir a cualquier etiqueta, incluso convertirse en himno generacional sin perder autenticidad.
Su historia confirma que el buen pop no necesita complicarse para durar: basta con emoción directa, oficio y una canción que el mundo se niega a soltar.
Autor del programa Jorge Placek