Su nombre se entendió tan bien como símbolo sin dejar de ser persona.
Porque detrás del discurso siempre hubo música real.
Detrás del puente siempre hubo canciones. Y detrás de las canciones, una intérprete que hizo de la belleza una forma de convivencia.
Una voz que no se conformó con emocionar: quiso también reparar, aunque fuera por unos minutos, el ruido del mundo. Y en tiempos de trincheras, ese gesto —cantar para que el otro exista— no fue ingenuidad: fue coraje.
Autor del programa Jorge Placek
A Lucana Radio, ocio, cultura y podcast.