Fueron un puente tendido en la penumbra: cuatro músicos juntando raíz celta, aire de cámara y el pulso suave del jazz para dibujar paisajes más que canciones.
A lo largo de los años, su música sonó como un viaje lento entre dos orillas, hecha de melodías que se quedaban y de silencios que decían cosas.
Cuando el grupo se fue apagando, no dejó ruido; dejó un rastro de luz baja.
Y ese es su legado: una forma de escuchar el mundo con calma, como si la noche también tuviera historia.
Autor del programa Jorge Placek
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