Nadie puede aprender a cantar como lo hacía Billie Holiday.
Se puede estudiar técnica, entonación, incluso imitar su fraseo.
Pero lo que ella transmitía no se enseñaba: se vivía.
Porque la voz de Billie era el eco de una infancia rota, de un corazón maltratado, de una lucha constante por sobrevivir en un mundo hecho para aplastar a mujeres como ella.
Autor del programa Jorge Placek.
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