A día de hoy, continúan girando por EEUU y Europa, presentando espectáculos donde conviven tecnología y memoria.
En cada concierto, cuando llega el turno de Take My Breath Away, las luces bajan, la melodía comienza y el silencio se llena de ese mismo aire suspendido que les dio la inmortalidad.
Esa escena resume toda su historia: una banda nacida entre sintetizadores, moldeada por la industria, herida por el éxito, pero capaz de reinventarse y seguir soñando.
En un mundo que cambia de ritmo cada década, han demostrado que hay sonidos que no envejecen, sólo esperan a ser redescubiertos.
Autor del programa Jorge Placek
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Source: El Vuelo de Yorch