Duran Duran, su química no dependía de trucos de estudio: en gira, el bajo y la batería sostienen el edificio, los teclados lo decoran y la voz lo habita.
Y ahí se entiende el verdadero secreto: no es solo oficio, es escucha mutua, ese instante en el que una línea de bajo empuja medio segundo antes y la banda entera responde como si llevase el mismo pulso en el pecho.
Por eso, cuando se apagan las luces, la sensación no es de despedida ni de museo: es la de una banda que aún sabe sonar como si el futuro estuviera a punto de empezar.
Autor del programa Jorge Placek
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